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Soy, desde hace muchos años, cultora de terapias médicas alternativas, sin por eso dejar los exámenes anuales de la medicina tradicional. Cuando visito a algún médico nuevo, le explico que no tomo (si puedo evitarlo) medicamentos, porque soy sanita. Eso me ha llevado a algunas discusiones con estos sabios entre los sabios (sólo conozco 4 médicos autocríticos y humildes, los demás, primero la deidad y después - o al lado - ellos) pero en general, como soy una señora mayor y encima leonina, se lo tienen que bancar como señoritos ingleses.Así también soy una buena "autodiagnosticadora". Hace un tiempo empecé con algunos problemas gástricos que me llevaron a decidir que tenía intolerancia a la harina de trigo y a la levadura. Esta semana tuve mi sesión mensual de medicina biocibernética y ahí mi doctor confirmó el diagnóstico. Hace más de 10 días que no como harina... y estoy malísima :)Lo bueno de las intolerancias alimentarias es que, dejando de consumir el producto en cuestión, tu calidad de vida sube inmediatamente. Estoy, entonces, con energías, a pesar de sentir una cierta nostalgia por los criollitos y la pizza.Lamentablemente no puedo sobreponerme tan fácilmente a las otras intolerancias que tengo en la vida.
Un día debería, como Lester Burnham, echar todo por la ventana. Dejar de hacer todo lo que hago, vender lo poco que tengo, fumarme algo, conseguir un trabajo donde no pensar sea la consigna, ejercitarme, enamorarme de alguien más, aunque después me de cuenta que sólo fueron fuegos artificiales de una noche.Como Lester, debería revolear el plato contra la pared, hacer ridiculeces en una fiesta, vengarme de los cagadores. Hoy vi a alguien que perdió la alegría. Confío en que la recuperará, en algún momento, pero mientras tanto, me hubiera gustado que, antes de llegar a esto, hubiera sido un ratito, un ratito nomás como Lester. Que hubiera pensado más en sí mismo que en los demás, que hubiera dejado que otro cargara los paquetes, que hubiera dicho que no muchas más veces de las que dijo que sí.En el año de los deseos, deseo poder seguir viendo en perspectiva, deseo permitirme desear, deseo conservar la alegría. Deseo ser un rato, una vez, Lester y que todo me chupe un ovario, hasta que tenga que volver a la vida real... o morirme.
Materia: Historia Contemporánea de Asia y África.
Contexto: Trabajo Práctico.
Situación 1: Chica que prende fuego a una punta de la mochila mientras le dice a un asombradísimo profesor (piénsese lo dicho con entonación nasal y estilo "Teen Angels", aunque para hacer la materia tengan por lo menos 20 añitos cumplidos): "Ay, profe, es que si no se me pierde este cosito!!" (muestra el "cosito", parte de la terminación del cordón de la mochila).
Situación 2: "Como dice aquí el apunte este hombre que no sé cómo se pronuncia pero bueno, es el primero de aquí, no lo pronuncio porque no me sale!" (El "hombre" era Jean Chesneaux... Insisto, cuarto año de la carrera... ¿no saben decir Chesnó, medio aspiradito?)
Situación 3: "Bueno, con el otro apunte, el de este que habla del eurocentrismo... no sé cómo se pronuncia..."
"Se pronuncia Valerstain", dice el profesor
"Ese. ¡Al final lo que dice también lo puedo decir yo!"
Que soy una señora mayor es vox populi. Pero les juro, les juro que a la edad de ellos era más respetuosa. Parece que nadie les puede enseñar nada, que Wallerstein sólo habla paparruchadas que cualquiera puede andar diciendo mientras toma una cerveza sentado en el cordón de la vereda de Nueva Córdoba (porque esos pibes fija que viven en Nueva Córdoba), que ninguno de los autores es tan importante como para aprender cómo se pronuncia su apellido...
In ilo tempore, un profesor de Economía Política, hablando del vaciamiento de la Universidad Nacional decía que al menos nosotros, que estudiábamos Historia, no salíamos con licencia para matar, como lo hacían los médicos. En ese momento nos daba risa. Hoy me espanta, porque tenía razón.
Hoy en clases éramos tres, porque el resto preparaba un parcial cuyas consignas nos dieron hace una semana y que hay que completarlo para el próximo viernes... ¿tanto cuesta elaborar respuesta a tres consignas? A pesar de la mínima audiencia, el profesor dio su clase como si fuéramos cuarenta, con la misma dedicación. Me dio vergüenza ajena.
Capaz que el mundo está yendo más rápido.
Capaz que me quedé en el '45.
Pero, loco, un poco de respeto, en serio.
Una vez cada tanto (mejor cada poco) es bueno pararse sobre un banquito, o en la pirquita del frente de casa, o en una silla o al menos ponerse en puntas de pie y mirar y mirar-se.Probablemente no apareció el príncipe azul.Probablemente no tenga el mejor trabajo del mundo.Probablemente la familia sea más que perfectible.Probablemente no salió todo como planeabaPero...... no es azul ni príncipe pero me hace reir y me ceba mates y me acompaña a recitales que no le convencen y hasta se esfuerza para dejar la cama hecha...... no me veo haciendo otra cosa con tanto gusto como lo hago ahora...... me dieron los valores que tengo, las hermanas que tengo y los sobrinos todavía se me sientan en la falda con 15 años cumplidos...... tampoco me traicioné tanto... Hay que mirar, siempre, con perspectiva. Porque desde el suelo las cosas se ven demasiado chatas.
Leí hace un tiempo algo de Sarah Kane y me pareció súper. Cuando leo cosas que me gustan mucho, suelo escribir. O mejor dicho: cuando leía cosas que me gustaban mucho, solía escribir... Hace rato que no escribo nada más que los informes económicos del trabajo...En fin, para no llorar sobre la leche derramada, comparto esto del año pasado.Entro al consultorio con las radiografías dentro del sobre blanco abrochado en los bordes debajo del brazo. Antes de sentarme le doy las radiografías al médico que me saluda de costado y extiende una mano que tiene una curita deshilachada en el dedo gordo y yo pienso que por qué sigue el doctor comprando curitas de tela si ahora vienen unas de plástico elásticas que no se deshilachan en los bordes y que acompañan el movimiento de las articulaciones por si necesitás una curita en el talón o en la rodilla o en el dedo gordo… como el médico. Es incómodo sentarse con el sobretodo puesto y mientras me saco el sobretodo y lo doy vuelta del revés para que no agarre más pelusas de las que ya tiene el médico va mirando las radiografías de a una levantándolas de manera que el fluorescente del techo quede cubierto por ellas y va mirando primero mis pulmones y después mi abdomen y finalmente mi pubis y yo pienso que mi verga no es fotogénica al menos en radiografías pero dejo de pensar eso cuando el médico se levanta los lentes y los apoya precariamente sobre la frente y mientras se refriega un poco los ojos que los tiene rojos, inflamados de tanto mirar radiografías a contraluz pienso, me dice con una voz que no parece de él porque él es más bien bajo y grueso, con hombros anchos y un abdomen bastante pronunciado mientras que su voz es tímida, medio finita, aflautada como si fuera de una persona alta delgada y flexible. El caso es que mientras yo sigo tratando de doblar el sobretodo para ponerlo en el respaldo de una silla amarilla medio desvencijada para poder sentarme cómodo a escuchar qué medicamentos tengo que empezar a tomar que me saquen esa flojera de la mañana y la pesadez de la siesta y el insomnio de la noche él habla con esa voz aflautada y tímida y me dice “no se siente, no se siente, salga y haga algo que le quedan unos ocho minutos de vida”.
El domingo vestí, me puse mis zapatillas grises y me fui a Unquillo. Cuando llegué a casa, mamá, detallista y exigente en lo prolijo, me dijo: "¡Qué hacés todavía con esas zapatillas!". Las miramos, ambas, con una especie de lástima. "Ya me voy a comprar nuevas, apenas cobre, unas de lona nomás". "Vienen de colores lindos ahora..." dijo mi madre, espantada ante la idea que su hija más desordenada se compre zapatillas blancas y después ella tenga que estar sufriendo y pensando si las lavé convenientemente. "Y sí, no pensarás que me voy a comprar blancas!", respondí, desordenada pero sensata.La macana es que yo pretendía celebrarles los 15 años a las grises... y las voy a tener que tirar a los 14 y cinco meses... ¡¡son como mis hijas!! (Aguante Sergio Tacchini)Update: ¿En qué momento del mundo las zapatillas de lona pasaron a costar más de $100? ¡¡Estoy 14 años y cinco meses desactualizada!! Dioses, menos mal que no despaché las grises con Crese...
Teníamos ¿cuántos? ¿siete, ocho años? Papi tenía un Dodge Polara marrón claro, brillante, con dos rayas negras. Era un RT, nosotras decíamos que quería decir "rajá Tito" (mi papá es Tito).En el colmo de las maravillas, el Dodge tenía un reproductor de magazines. Vendría a ser un reproductor de CD pensado para un Tiranosaurio Rex. Era un armatoste, grande. Los magazines también eran muy, muy grandes.A nosotras nos gustaba cantar (a nosotras nos gusta cantar). Mi papá cantaba en un coro (mi papá canta en un coro). En mi casa siempre había música, y siempre se cantaba (en mi casa siempre hay música, y siempre se canta).Cantábamos"El gato que estáen nuestro cielono va a volver a casa si no estás..."Cantábamos"No sé para qué volvistesi yo empezaba a olvidar.No sé si ya lo sabrás,lloré cuando vos te fuiste.No sé para qué volvistequé mal me hace recordar...""¡Pa, poné la del gallo!"La del gallo sólo se cantaba con los vidrios del Dodge totalmente cerrados. O dentro de casa, cuando estaba solamente la familia. El magazine con la del gallo se guardaba debajo del asiento de papi, no en la caja negra entre los asientos delanteros. El magazine con la del gallo no se prestaba, ni siquiera se mencionaba. La del gallo era un secreto familiar.Dicen que uno tiene 68 y el otro 71. Dicen que se pelearon y que siguen peleados. Dicen que yo tengo 42. Pero el sábado a la noche yo tuve otra vez ¿cuántos? ¿siete, ocho años? y andaba parada entre los asientos del Dodge RT, con los vidrios altos en el verano caliente de San Francisco, cantando con la Ale y mi papá:"Cuando canta el gallo negroes porque se acaba el día.Si cantara el gallo rojootro gallo cantaría..."Lejos, lejos, el mejor regalo de cumpleaños.Gracias Ale.