lunes 23 de noviembre de 2009

Lucía

Se sentaba en un banquito chiquito, dos colitas revueltas, cara de sueño, ojos redondos, boquita corazón. Tomaba una sopa color rosa, con verduras cortadas en forma de flores. Una vez mi mamá me reprochó que tenía más fotos de ella que de mis sobrinos de sangre. Creo que era verdad.
Este año cumplió quince y tiene los mismos ojos redondos, la misma boca corazón, el mismo pelo desordenado. Es hermosa. Dicen que duerme mucho, estudia poco, pelea con toda la familia. Como toda chica que quince. Pero cuando voy de visita, me sonríe de la misma forma en que lo hacía cuando tenía cuatro.
Sigo sacándole fotos.
Creo que tengo más fotos de ella que de mis sobrinos de sangre.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Furia

Un día llegan dos tipos, cancheros, entradores. Vienen con la policía, gente a la que una respeta porque es la autoridad. "Firme aquí doñita", te dicen a vos que tenés más años que la injusticia y como no sabés escribir porque viviste entre cabras en tu rancho desde que te acordás, ponés la impresión del dedo gordo (dícese 'dígito pulgar derecho').
Ahí nomás, los tipos entradores se calzan unos lentes oscuros ('Ray Ban' dirías si supieras cuáles son los Ray Ban), cruzan el labio para arriba como los mafiosos de las películas que nunca viste, chasquean los dedos y como a vos te responden los perros y las cabras cuando les silbás, a ellos les responde un resoplido de topadora. Y entra la topadora tirando abajo la tranquera que hizo hace mil años tu papá, o tu abuelo, mientras las gallinas y los perros corren buscando un agujero donde protegerse. Y la topadora voltea, como si fuera de cartón, tu rancho y tu pozo.
Años después, abogados mediante, vas a Tribunales porque como hace más de 50 años que vivís en el mismo lugar, el Estado te tiene que proteger. Ahí los volvés a ver, la misma sonrisa, los mismos lentes. Escuchás y escuchan a testigos y abogados. Sabés que tenés razón. Sabés que la gente quiere que ganes, porque es tu tierra y tu casa y tu pozo y tus animales.
Y llega el día de la sentencia. Y dicen que no, que no te estafaron. Según los jueces, los hombres con nombre de pelea de poca importancia tienen razón, y la tierra es de ellos, que, seguramente, sembraron ya soja.
Te llamás Ramona Bustamante. Tenés más años que la injusticia. Y te comiste otra.

Alguna vez, los mansos nos vamos a cansar de que nos metan el dedo en el culo, te lo digo. Y yo me estoy afilando los dientes.

miércoles 28 de octubre de 2009

Intolerancias

Soy, desde hace muchos años, cultora de terapias médicas alternativas, sin por eso dejar los exámenes anuales de la medicina tradicional. Cuando visito a algún médico nuevo, le explico que no tomo (si puedo evitarlo) medicamentos, porque soy sanita. Eso me ha llevado a algunas discusiones con estos sabios entre los sabios (sólo conozco 4 médicos autocríticos y humildes, los demás, primero la deidad y después - o al lado - ellos) pero en general, como soy una señora mayor y encima leonina, se lo tienen que bancar como señoritos ingleses.
Así también soy una buena "autodiagnosticadora". Hace un tiempo empecé con algunos problemas gástricos que me llevaron a decidir que tenía intolerancia a la harina de trigo y a la levadura. Esta semana tuve mi sesión mensual de medicina biocibernética y ahí mi doctor confirmó el diagnóstico. Hace más de 10 días que no como harina... y estoy malísima :)
Lo bueno de las intolerancias alimentarias es que, dejando de consumir el producto en cuestión, tu calidad de vida sube inmediatamente. Estoy, entonces, con energías, a pesar de sentir una cierta nostalgia por los criollitos y la pizza.
Lamentablemente no puedo sobreponerme tan fácilmente a las otras intolerancias que tengo en la vida.

lunes 19 de octubre de 2009

Belleza Americana

Un día debería, como Lester Burnham, echar todo por la ventana. Dejar de hacer todo lo que hago, vender lo poco que tengo, fumarme algo, conseguir un trabajo donde no pensar sea la consigna, ejercitarme, enamorarme de alguien más, aunque después me de cuenta que sólo fueron fuegos artificiales de una noche.
Como Lester, debería revolear el plato contra la pared, hacer ridiculeces en una fiesta, vengarme de los cagadores.
Hoy vi a alguien que perdió la alegría. Confío en que la recuperará, en algún momento, pero mientras tanto, me hubiera gustado que, antes de llegar a esto, hubiera sido un ratito, un ratito nomás como Lester. Que hubiera pensado más en sí mismo que en los demás, que hubiera dejado que otro cargara los paquetes, que hubiera dicho que no muchas más veces de las que dijo que sí.
En el año de los deseos, deseo poder seguir viendo en perspectiva, deseo permitirme desear, deseo conservar la alegría. Deseo ser un rato, una vez, Lester y que todo me chupe un ovario, hasta que tenga que volver a la vida real... o morirme.

jueves 8 de octubre de 2009

Respetos

Materia: Historia Contemporánea de Asia y África.
Contexto: Trabajo Práctico.
Situación 1: Chica que prende fuego a una punta de la mochila mientras le dice a un asombradísimo profesor (piénsese lo dicho con entonación nasal y estilo "Teen Angels", aunque para hacer la materia tengan por lo menos 20 añitos cumplidos): "Ay, profe, es que si no se me pierde este cosito!!" (muestra el "cosito", parte de la terminación del cordón de la mochila).
Situación 2: "Como dice aquí el apunte este hombre que no sé cómo se pronuncia pero bueno, es el primero de aquí, no lo pronuncio porque no me sale!" (El "hombre" era Jean Chesneaux... Insisto, cuarto año de la carrera... ¿no saben decir Chesnó, medio aspiradito?)
Situación 3: "Bueno, con el otro apunte, el de este que habla del eurocentrismo... no sé cómo se pronuncia..."
"Se pronuncia Valerstain", dice el profesor
"Ese. ¡Al final lo que dice también lo puedo decir yo!"

Que soy una señora mayor es vox populi. Pero les juro, les juro que a la edad de ellos era más respetuosa. Parece que nadie les puede enseñar nada, que Wallerstein sólo habla paparruchadas que cualquiera puede andar diciendo mientras toma una cerveza sentado en el cordón de la vereda de Nueva Córdoba (porque esos pibes fija que viven en Nueva Córdoba), que ninguno de los autores es tan importante como para aprender cómo se pronuncia su apellido...
In ilo tempore, un profesor de Economía Política, hablando del vaciamiento de la Universidad Nacional decía que al menos nosotros, que estudiábamos Historia, no salíamos con licencia para matar, como lo hacían los médicos. En ese momento nos daba risa. Hoy me espanta, porque tenía razón.
Hoy en clases éramos tres, porque el resto preparaba un parcial cuyas consignas nos dieron hace una semana y que hay que completarlo para el próximo viernes... ¿tanto cuesta elaborar respuesta a tres consignas? A pesar de la mínima audiencia, el profesor dio su clase como si fuéramos cuarenta, con la misma dedicación. Me dio vergüenza ajena.
Capaz que el mundo está yendo más rápido.
Capaz que me quedé en el '45.
Pero, loco, un poco de respeto, en serio.

viernes 11 de septiembre de 2009

Perspectiva

Una vez cada tanto (mejor cada poco) es bueno pararse sobre un banquito, o en la pirquita del frente de casa, o en una silla o al menos ponerse en puntas de pie y mirar y mirar-se.

Probablemente no apareció el príncipe azul.
Probablemente no tenga el mejor trabajo del mundo.
Probablemente la familia sea más que perfectible.
Probablemente no salió todo como planeaba

Pero...

... no es azul ni príncipe pero me hace reir y me ceba mates y me acompaña a recitales que no le convencen y hasta se esfuerza para dejar la cama hecha...
... no me veo haciendo otra cosa con tanto gusto como lo hago ahora...
... me dieron los valores que tengo, las hermanas que tengo y los sobrinos todavía se me sientan en la falda con 15 años cumplidos...
... tampoco me traicioné tanto...

Hay que mirar, siempre, con perspectiva. Porque desde el suelo las cosas se ven demasiado chatas.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Ficciones

Leí hace un tiempo algo de Sarah Kane y me pareció súper. Cuando leo cosas que me gustan mucho, suelo escribir. O mejor dicho: cuando leía cosas que me gustaban mucho, solía escribir... Hace rato que no escribo nada más que los informes económicos del trabajo...
En fin, para no llorar sobre la leche derramada, comparto esto del año pasado.

Entro al consultorio con las radiografías dentro del sobre blanco abrochado en los bordes debajo del brazo. Antes de sentarme le doy las radiografías al médico que me saluda de costado y extiende una mano que tiene una curita deshilachada en el dedo gordo y yo pienso que por qué sigue el doctor comprando curitas de tela si ahora vienen unas de plástico elásticas que no se deshilachan en los bordes y que acompañan el movimiento de las articulaciones por si necesitás una curita en el talón o en la rodilla o en el dedo gordo… como el médico. Es incómodo sentarse con el sobretodo puesto y mientras me saco el sobretodo y lo doy vuelta del revés para que no agarre más pelusas de las que ya tiene el médico va mirando las radiografías de a una levantándolas de manera que el fluorescente del techo quede cubierto por ellas y va mirando primero mis pulmones y después mi abdomen y finalmente mi pubis y yo pienso que mi verga no es fotogénica al menos en radiografías pero dejo de pensar eso cuando el médico se levanta los lentes y los apoya precariamente sobre la frente y mientras se refriega un poco los ojos que los tiene rojos, inflamados de tanto mirar radiografías a contraluz pienso, me dice con una voz que no parece de él porque él es más bien bajo y grueso, con hombros anchos y un abdomen bastante pronunciado mientras que su voz es tímida, medio finita, aflautada como si fuera de una persona alta delgada y flexible. El caso es que mientras yo sigo tratando de doblar el sobretodo para ponerlo en el respaldo de una silla amarilla medio desvencijada para poder sentarme cómodo a escuchar qué medicamentos tengo que empezar a tomar que me saquen esa flojera de la mañana y la pesadez de la siesta y el insomnio de la noche él habla con esa voz aflautada y tímida y me dice “no se siente, no se siente, salga y haga algo que le quedan unos ocho minutos de vida”.