jueves 4 de agosto de 2011

3 de Agosto

Me aguanté un día...
Ayer hubiera cumplido 98 años mi yaya, gringa dura como la piedra y blanda como el algodón que tuve la suerte de amar por 32 años (aunque sigo...). A los 20 se calzó una boina en la cabeza, se subió al tren en el medio del campo de la pampa gringa y llegó a San Francisco, en un viaje sin escalas hasta la Asistencia Pública. Fue enfermera de todo el mundo menos de sus tres nietas, le daba terror pensar siquiera en pincharnos con una aguja, aunque tenía las mejores manos del planeta, manos que heredó mi hermana menor, enfermera como ella.
98 años después, entonces, nació Carmela. Carmela es la primogénita de mi amigo José y hay algo, un hilo que nos une y que me hace preguntar por ella en los momentos claves de su vida (y de la vida de sus padres). La verdad, yo quería que naciera el día de mi cumpleaños. Pero el 3 fue el día perfecto. Allá arriba, la yaya andará riéndose y pensando en las rosas salmón que sabe que le voy a regalar ahora a Carmela, como se las regalé antes a ella.